Hoy cumplo cuarenta años
y no puedo oír tu voz,
la llevo guardada en el alma, padre,
muy dentro del corazón,
para no perderla nunca
como te he perdido a ti,
me duele que no estés conmigo,
me duele que no estés aquí.
No puedo seguir mi camino
si tú hoy no estás a mi lado,
yo quiero que vuelvas conmigo,
pero no, padre, te has marchado.
Y ya no podré ver tu rostro,
no oiré tu risa jamás,
no estarás más a mi lado, padre,
se que nunca volverás.
Quiero sentir que tu mano
se apoya sobre mi espalda
te has marchado antes de tiempo
y me ha partido en dos el alma.
¡Padre!, ¿me escuchas?
¿oyes mi corazón?
Necesito tus palabras, padre,
necesito oír tu voz.
Virginia 26 de agosto de 2011


